(sobre) vivir con fobia social

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Últimamente he estado durmiendo demasiado. No es cansancio (creo), es solo el deseo incontenible de seguir durmiendo. No importa si me acuesto temprano o tarde, a la mañana siguiente mi cuerpo me “pide” seguir acostado y durmiendo. Ya casi son las 2:00 pm y no he hecho nada productivo. Eso produce culpa, angustia, estrés, ansiedad. Pero no puedo evitar, por alguna razón, dejar para después lo que debería estar haciendo ahora.

¿A alguien más le sucede esto? ¿Tendrá que ver con la fobia o es simplemente flojera extrema?

Acabo de pasarme unos 20 minutos al teléfono escuchando cómo un ejecutivo de banco trataba de convencerme de que necesitaba tomar un seguro de vida. Durante toda la llamada sabía que debía decir NO. Y no se trata de que uno no pueda beneficiarse de esas cosas, quizás sean útiles cuando se las necesita, pero es que no tengo el dinero suficiente para costear una prima mensual, así de simple.

Y el personaje al otro lado del teléfono me hablaba sin respirar prácticamente, recitando un monólogo que de seguro sabía de memoria y solo pidiendo mi participación en preguntas que suponían un “sí” de mi parte, excepto cuando me consultó si yo era casado, a lo que contesté que no (no soy casado, no tengo pareja y no tengo hijos); todo para esperar ese momento en que por fin dice “qué le parece”.

En otro tiempo hubiera sido seducido fácilmente, pero esta vez pude decir “suena todo fantástico, pero no puedo comprometerme con esto ahora”. Evidentemente, los ejecutivos están preparados para un no por respuesta y, más aún, no aceptarán ese no de buenas a primeras. Es más, nunca lo aceptó. Mientras seguía con su discurso de que lo ofrecido sobrepasaba con creces el escaso esfuerzo económico que iba a significar para mí acceder al beneficio, me di cuenta de que la conversación iba a ser prácticamente eterna. Opté por la solución políticamente incorrecta: “muchas gracias por su tiempo, pero mi respuesta es no”, y colgué.

Siempre he creido que para un fóbico social decir que no es una tarea titánica, pero también creo que no es imposible. Solo hay que intentarlo, poner nuestros límites y simplemente decir “NO”.

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Nada, solo eso.

Después de una ausencia de más de tres años, intentaré retomar este espacio para ir contando mis progresos. Ya creo que nadie lee, pero de todas formas, esto para mí es como un desahogo, un diario de vida que dejé hace mucho tiempo, pero que tengo ganas de retomar.

Por ahora eso, la declaración de intención, el deseo de.. intentaré ser constante en mis relatos.

Si hay alguien por ahí leyendo, pues bienvenido/a.

Saludos.

Una frase para tener en cuenta. Es de Erich Fromm, psicoanalista alemán del siglo recién pasado:

"Enquistarse en la soledad y la frustración, quejarse constantemente y continuamente de las desdichas y tragedias que nos acosan y no hacer absolutamente nada para modificar aquellas situaciones que nos angustian es un camino certero y seguro hacia la depresión. Camino, por supuesto, que es recorrido a solas…"

Me hace mucho sentido, porque es lo que estoy viviendo en este momento.

Una de las pelis que me ha gustado bastante es “El efecto mariposa” [The Butterfly Effect]. Es una peli antigua, del 2004, que aborda un tema básico: la relación acción-reacción. Todo lo que hacemos (y también lo que dejamos de hacer) repercute en lo que vivimos a continuación.

Muchas veces en la vida me pregunté qué hubiera sido de mi sin fobia social. ¿Estaría ya casado y con hijos? ¿Habría estudiado otra carrera? ¿Hubiera tenido las agallas para aventurarme en un continente distinto? Quizás hubiera sido un músico famoso, cantante rock, un político conocido o un artista itinerante. Las posibilidades son infinitas, aunque delimitadas por los sueños que he visto frustrados con el correr de los años.

Sin embargo, realizar ese ejercicio no resulta útil. Hay otro ejercicio que sí habría sido útil hace algún tiempo atrás, pero jamás se me ocurrió… hasta hace muy poco.

El efecto mariposa y la fobia social

Probablemente sea mejor preguntarse: ¿Qué puedo esperar que ocurra mientras supero mi FS? Contestaré a esta pregunta desde mi experiencia y, advierto, es posible que las respuestas no sean alentadoras.

  1. Ilusiones y desilusiones: Ambas irán de la mano. Primero aparece la ilusión de que algo que deséabamos con ansias ocurrirá. En mi caso, siempre es en el ámbito de las relaciones de pareja. Y me ha ocurrido esta cadena de ilusión-desilusión desde que empecé a salir de mi cascarón, desde que decidí que estaba preparado para emprender el sueño más grande en mi vida: ser pareja y ser padre.
  2. Temores: Habrá temor al enfrentar cosas nuevas. Si bien las deseamos, también nos provocan temor y ansiedad. Por ahí aprendí que el temor no es en sí malo: más bien nos ayuda a estar alertas y responder adecuadamente a las amenazas del entorno. El temor que paraliza es el que debemos desechar, ese es nuestro enemigo. En cada relación de pareja que intenté, siempre estuvo presente el temor al rechazo, a que me dijeran “sabes, en realidad no quiero estar contigo”, y lo peor es que resulté ser el profeta de mis propios miedos.
  3. Fracaso y depresión: Tener miedo no es malo, como decía. Lo malo es que se haga realidad aquello a lo que temes. He sido rechazado de las maneras más inesperadas. Hace algunos años estuve de pareja con una compañera de trabajo y debo reconocer que me ilusioné bastante. No era solamente yo: ella también parecía y decía estarlo. En un lapso menor a un mes me había dejado de querer para involucrarse con mi jefe. Ha pasado tiempo de eso, pero él sigue siendo mi jefe, y ella ya es su señora y la madre de su primer hijo. Pasó esto y me costó mucho tiempo recuperarme del choque emocional. Luego volví con una pareja que había tenido antes y, tras menos de un año, ella me confiesa que me ha sido infiel. Otro período más de depresión. Pasaron casi dos años y medio en que estuve solo, hasta que conocí a quien creía la mujer de mis sueños. Me volví a ilusionar, a creer que mi idea de familia iba a ser posible. Nos estábamos conociendo, hasta que llegó el temido día en que decidió dejarme. Esta fue mi última experiencia, a principios de este año, razón por la cual retrocedí a ese estado que detesto, en que cuestionas todo, en que todos parecen felices menos uno mismo.

Me hubiera gustado tener las herramientas para enfrentar estas situaciones, pero no las tuve. Por eso es que creo que el ejercicio sería útil antes de aventurarse a la vida, a jugar sabiendo que puedes perder. Yo jugué creyendo que ganaría, pero me fue pésimo.

La FS puede ser terrible a veces, pero también acosa como un fantasma después, cuando ya lo estás superando, cuando ya no existen las crisis de pánico, cuando te atreves a abrirte al mundo y deseas llevar una vida como todos los demás, hasta que pierdes una y otra vez, hasta llevar tantas heridas de guerra que ya no te crees capaz de enfrentar otra batalla.

Ya sé.

Les debo mucho tiempo sin ningún post (o debería decir: les debo muchos posts en todo este tiempo).

Pues bien, espero poder retomar este espacio que es al que le tengo más cariño, porque en él he ido registrando mi historia como fóbico social, algunas veces con mucha tristeza, otras con esperanza, pero que al final les sirve a ustedes, a los que leen, para por último identificarse y saber que lo que viven o sienten no es algo que solamente les suceda a ustedes.

En el último episodio les contaba de una cita a ciegas que tenía en la agenda. Pues veamos qué fue de aquello.


El coraje

Es verdad que para ir a una cita a ciegas hay que tener algo de coraje. Aunque también creo que, más que coraje, hay que tener ganas. Esto resulta evidente cuando uno realmente quiere encontrar a ese alguien especial. Pero como sea, las ganas empujan el coraje. Hay que tener deseos de cambiar las circunstancias y de ir en busca de las oportunidades. Bueno, conocer en persona a alguien que ni en fotos has visto puede resultar una ayuda adicional en este sentido, puesto que disminuyen las expectativas.

Sin tanta expectativa

Una de las cosas que aprendí en terapia es que debo controlar mis expectativas. En general, espero mucho de las personas, tanto que termino sintiendo frustración y desengaño la mayoría de las veces. Y quizás espero demasiado porque pienso que al revés es igual: los demás seguramente esperan demasiado de mí. Este es uno de los mitos de la fobia social. Los FS exacerbamos esto de las expectativas en nosotros mismos y proyectamos eso en los demás. Al decir “proyectar” me refiero a que “asignamos” esa idea o característica a los demás, aunque no la tengan.

Para resolver lo anterior, a mi me funcionan dos cosas:

  1. Recordar, concientemente, que la persona con la que me encuentro no tiene altas expectativas. En la mayoría de los casos esto es realmente así, y saberlo y recordarlo reduce mucho el estrés.
  2. Si lo anterior no funciona, lo mejor es cambiar el método y reducir las expectativas propias.

El punto #2 me funcionó de maravillas. Como no había visto ninguna foto de mi cita, decidí creer que sería una mujer de lo más normal e, incluso, no muy agraciada. Pensar esto me servía con un doble propósito: estar tranquilo sin pánico anticipatorio y llevarme una grata sorpresa si me equivocaba en lo que había decidido imaginar.


El encuentro

Pues sucedió lo primero. Se trataba de una mujer de mi edad, pero que aparentaba varios años más que yo (o quizás yo aparento menos años de los que realmente tengo..). Además de eso, no me produjo ninguna atracción física y, luego de nuestra cita, comprendí que tampoco tendríamos muchas cosas de la vida en común. A pesar de esto, decidí disfrutar de la velada, lo cual puedo decir con alegría que logré.

Las lecciones

Con esta cita aprendí varias cosas:

  1. En una cita no puedes conocer a una pareja. Lo que conoces es un posible amigo/a. Cuando se llega con la expectativa de encontrar pareja, lo más probable es que nos llevemos una gran desilusión. Al bajar mis expectativas antes del encuentro, le quité el piso a esa desilusión y pude disfrutar de conocer a alguien sin que eso signifique compromisos.
  2. El poder de la decisión. En Chile, cuando queremos decir a alguien que debería cambiar la actitud, decimos “cambia el chip”. Cambiar el chip no es otra cosa que pensar distinto a lo que veníamos pensando y hacerlo no es otra cosa que ejercer el poder de la voluntad o decisión. En mi cita podría haberlo pasado pésimo (decepcionado quizás de no encontrar a la chica de mis sueños), pero en cambio decidí disfrutar el momento.
  3. Una cita a ciegas no es nada del otro mundo. Es juntarse con alguien que nunca has visto antes, ¿pero acaso no sucede así con todas las relaciones interpersonales que desarrollamos? La única diferencia es que en este caso no hay, por lo general, un intermediario que nos presente, al menos no en las citas que surgen en los sitios de citas online. No es algo terrible, no si llegamos a la cita con las expectativas adecuadas y los propósitos adecuados.

Conclusión

Disfruté la cita y también sé que ella la disfrutó. No nos volvimos a ver, aunque esto se debió a que poco tiempo después conocí a una persona que me movió el piso y con quien tuve una relación de pareja durante poco más de un mes (sí, bastante fugaz), luego vino el quiebre y luego la desilusión y el dolor de la pérdida. Pero eso es historia de otro post.

La Venlafaxina me ha hecho bien, en el sentido que ahora estoy más abierto a tomar riesgos que antes no habría imaginado siquiera. Les contaré sobre uno de esos riesgos: conocer gente.

Hace algunos meses, una amiga me dijo que quería presentarme a una compañera de trabajo. Según ella, nos íbamos a llevar bien, era bonita y muy buena persona, sin dejar de mencionar que estaba soltera en ese entonces, en busca de alguien especial, igual que yo.

En fin, quedamos de juntarnos los tres en un café de la ciudad. Debo reconocer que la idea me tenía muy entusiasmado, y así fue como asistí a la cita lleno de ilusiones…

Cuando llegué, las dos ya estaban sentadas en una mesa. A medida que me iba acercando, una sabia voz interior me decía “huye!! huye!!”, y es que en cuanto la mujer en cuestión apareció en mi campo visual entendí que no teníamos absolutamente nada que ver. Inevitablemente, uno se imagina algo, es decir, alguien, con ciertas características que, lamentablemente, siempre resultan idealizaciones. Esta mujer era todo lo contrario a mi fantasía: representaba muchos años más que yo, era al menos diez centímetros más alta y tenía una mirada de mujer sufrida.

Caballero como soy, me senté y compartimos un café que ha sido uno de los más eternos que haya probado jamás. Al llegar a casa me juré y recontrajuré que sería la última cita a ciegas que tendría. Pero por ahí hay un dicho que dice “no escupas al cielo..” y heme aquí, otra vez, a horas de encontrarme con una mujer que no conozco ni en fotografías.

El asunto es el siguiente: hace pocos días me apunté en un sitio de citas. La soltería interminable y mi desgraciada condición de célibe involuntario me llevaron a tomar tan drástica decisión, eso sumado al hecho de que teniendo pocos amigos y amigas, tengo cero posibilidades de que me presenten a alguien (cero absoluto, pues incluso he pedido que me presenten mujeres, pero todos coinciden en que no conocen a nadie “disponible”).

blind_date

A través del sitio me contactó una mujer de treinta y tantos (tantos como los que tengo yo), interesada en conocerme. Sin embargo, en el sitio no tiene fotografía (humm, mala señal). Nos contactamos luego por messenger, donde sí tenía una fotografía, pero panorámica, de esas donde no distingues ni ojos ni nariz ni nada, encima mal enfocada porque lo que más destaca es la estructura delante de la cual posó. Al preguntarle por otras fotografías me dijo que no tenía fotos de cerca (insisto, mala señal), pero insistió en conocerme y en asegurarme que no me iba a arrepentir (otra vez, mala señal).

Dejé pasar la injusticia de que ella sí sepa cómo me veo y yo no tenga la menor idea de si ella se acerca a la mujer de mis sueños o más bien se parece a la novia de Shrek. En resumen, nos veremos mañana, nos juntaremos al comenzar la noche para beber algún trago por ahí y arreglar el mundo.

En fin, al menos estoy haciendo cosas y eso es un gran avance en toda esta historia fóbica. Por una parte mi ser desea y espera la desilusión, quizás porque no sabría qué hacer si me encuentro con alguien que de verdad me guste. Entonces sí aparecería mi problema de expectativas y los sentimientos de inferioridad y toda esa peste que siempre termina por arruinar todas mis relaciones. Por otra parte, está la sensación de que pierdo mi tiempo, de que debí hacer caso de la lección anterior y no volver a tener citas a ciegas, al menos no sin fotografías de por medio. Pero bueno, ya me comprometí y veremos qué sucede.

Frente a las circunstancias adversas de la vida existen dos perspectivas importantes y opuestas a la vez: caer y no levantarse o caer y levantarse. Para ser más drásticos, lo malo que nos ocurre en la vida, específicamente a los fóbicos sociales, puede llevarnos a vivir en depresión o a luchar con esperanza.

No quiero filosofar al respecto, solamente quiero dejar por escrito lo que cruza por mi mente y que es producto de mi propia experiencia con la fobia social y sus consecuencias.

En mi caso, la fobia no me ha impedido vivir cosas que para la mayoría de los FS parecieran ser incluso logros. Soy un hombre aparentemente "realizado" en ese sentido: fui capaz de terminar una carrera en la universidad, fui capaz de tener amistades, incluso parejas, sé lo que se siente hacer el amor con la mujer que se ama, tengo un trabajo estable hace más de seis años y puedo andar por la calle sin miedo o vergüenza de sentirme observado. Mi problema siempre ha estado en las expectativas, en las propias y en las que creo que los demás puedan tener de mi.

Hasta hoy, toda mi vida ha girado en torno al temor relacionado con las expectativas. Fracasé en todas mis relaciones de pareja por el temor que me causaba no estar a la altura, de no ser capaz de ser el hombre correcto para quien tenía a mi lado. Siempre creí que había alguien mejor que yo y que, por lo tanto, no merecía estar con las mujeres que amé. El problema de las expectativas se ha reflejado en todos los ámbitos de mi vida, pero es aquí, en el tema de las relaciones de pareja, donde me ha tocado más fuerte. Y hoy, como una espina, me duele otra vez.

pareja

Ya dije que frente a las malas circunstancias hay dos salidas. Créanme que conozco ambos caminos. Durante mucho tiempo estuve sumido en una horrible depresión. Afortunadamente, mis depresiones siempre han sido reactivas y la última no fue la excepción. Hasta que tomé la decisión de cambiar la actitud, y me ha ido bien. Me apunté a un gimnasio, al que asisto regularmente porque la sensación de libertad y placer que aparece luego de terminar la rutina es realmente impagable. Puedo decir con propiedad que llevo más de cuatro meses de sentirme bien, a pesar de las circunstancias.

Y valga la aclaración, porque cambiar la actitud no es la solución definitiva. Quizás sea un paso hacia un objetivo, pero no basta con andar sonriente por la vida si las cosas parecen no cambiar en absoluto. Sigo siendo el mismo hombre solitario que he sido desde hace tres años, mientras a mi alrededor la gente parece seguir el curso "normal" de las cosas: parejas que se conocen, se enamoran, se proyectan, tienen hijos y arman un hogar. Tal parece el curso normal a los treinta y tantos. Mi existencia está ajena a eso, no por decisión sino más bien por consecuencia. E insisto, es una espina que me duele todos los días. Podría estar sumido en la depresión, pensando en lo desgraciada que es mi vida social y emocional, pero de qué sirve. Si bien el otro camino no me ha ayudado a conocer a alguien con quien pueda crear un proyecto de familia (sí, soy tradicional y me gustaría tener mi propia familia algún día), me ha permitido sentirme bien, quererme, pensar lo mejor de mí mismo y creer que esto que vivo no tiene por qué ser eterno.

En primer lugar, quiero agradecer a aquellas personas que me escriben: en los comentarios, en un anónimo email, etc. Si no fuera porque recibo ese feedback, no seguiría en esto de contar las cosas que me suceden y, más aún, las que no suceden sino que inundan mi mente.

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Pues bien, estamos a un par de semanas de que termine el 2008 y como en todo, es hora de balances. Empezaré al revés y le daré un nombre a este año: Trial and Error (ensayo y error). Sí, este año me atreví a probar, aunque el saldo haya sido equivocarme casi todas (si es que no todas) las veces.

Familia
Nada nuevo que contar. Hace algunos años que vivo solo y desde que esto es así he visitado a mis padres religiosamente todos los fines de semana. Este año fue igual, la comunicación sigue siendo la misma, ni muy buena ni muy mala y no hay novedades que destacar este año.

Trabajo
Llevo 6 años trabajando en el mismo sitio. Con tanto tiempo, el lugar de trabajo se convirtió en mi segundo "lugar seguro", después de mi departamento. Pero este año sí hubo novedades. Este año me atreví a marcar límites y dejar de asentir a todo. Por fin logré defender mis principios (los laborales, claro está) y eso me ha traido más de un problema. A estas alturas ya hay tres personas que me han quitado el saludo incluso porque algo que hice o dije no les pareció. Allá ellos, tengo mi conciencia tranquila y no tengo nada de que arrepentirme. Quizás estaban demasiado acostumbrados al antiguo yo, al que asentía a todo y callaba para no dar a conocer su opinión. A mi me gusta la franqueza, la verdad y detesto los grupillos y la defensa insostenible de la mediocridad.

Relaciones Personales
Le llamaré así al conjunto de relaciones con otros, y en un apartado distinto al trabajo pues son relaciones que trascienden lo laboral. Acá el año fue desastroso. En mi vida había visto tanta gente venir y salir de mi vida en tan corto tiempo. Quizás lo más chocante haya sido que la que yo creía mi mejor amiga (que incluso mencioné en algún tema anterior en este mismo blog) se alejó completamente de mi. Las razones darían para todo un tema. Fue una persona muy especial en momentos muy cruciales de mi vida reciente. Mi error: era mi ancla, mi salvavidas y mi único contacto con el "mundo normal". Ella sabía de mis problemas y siempre trató de ayudar, de invitarme a hacer cosas para que yo dejara mi conformidad y me atreviera a salir al mundo. Incluso por medio de ella conocí a un par de chicas que en su momento me atrajeron. Cuando ella se alejó, todas las personas que conocí gracias a ella también desaparecieron. Del resto, no vale la pena contar nada, quizás decir que en medio de mi soledad quise buscar una pareja y sólo hubo fracasos. Incluso tuve un par de citas que quedaron en eso: una cita, y se acabó y no hubo segundo encuentro ni más comunicación. Quizás no soy gusto de nadie (talvez la inseguridad, la frustración y los miedos se me salen por los poros), quizás es el destino. La verdad de las cosas es que no sé las razones y da igual si el resultado es el mismo: otro año más en soledad.

Mi Evolución
Como dije al principio, fue un año en que me atreví a hacer cosas, a cambiar el status-quo, lo que trajo consigo muchos fracasos y con ellos, dolores y penas. Es difícil levantarse y seguir cuando de todos los intentos no hay un sólo éxito que destacar. Por ahí ha habido cantantes que al no tener éxito como tales se han dedicado a otra cosa. Yo no he tenido suerte en las relaciones humanas, pero si no le pego a eso no sé qué podría hacer. ¿Dedicarme a criar animales? Quizás debería criar mascotas o dedicarme a la jardinería o a esto de escribir. Muchas veces durante este año pensé seriamente que morir era una opción. Pero no soy tan egoísta y no podría causarle un dolor tan tremendo a mi núcleo familiar. Si a veces a mí no me importa existir, sé que a ellos sí les importa que yo exista, y eso es razón suficiente para seguir viviendo (o sobreviviendo), aún cuando cada día tenga su cuota de dolor y frustración.

Después de que mi amiga desapareció de mi existencia, cai en depresión. Como resultado, visité a mi siquiatra y tuve que añadir otro antidepresivo a mi dieta diaria. Y así estoy, tomando 170 mg de químicos que me mantienen con ganas de seguir adelante.

Últimamente he estado luchando por cambiar la perspectiva de las cosas y creer que este año fue sólo prueba y error, que los fracasos son parte de la vida (sí, aunque se repitan incesantemente sin parar) y que en algún momento la historia tendrá que cambiar. Creo también que lo que he vivido este 2008 ha sido consecuencia de un largo tiempo de fobias, y que el resultado desastroso debe parecerse mucho a intentar jugar todo un partido de tenis en pésimo estado físico. Quiero pensar que, como me dijo una lectora por correo electrónico, esto de las relaciones sociales es como un músculo que si no se ejercita se atrofia, y que yo recién empiezo a entrenar, por lo que los resultados probablemente tarden en aparecer.

Así es que no sé si recomendar o no esto de "tratar". Sólo sé que a mí no me parece quedarme sentado mientras la vida pasa a mi lado. Quiero cosas, quiero saber desenvolverme, quiero saber conquistar. El asunto es que no sé cómo. Aún así, sigo intentando, entre prueba y error, esperando que en algún momento tendré una linda historia que contar acá.

A todos ustedes les deseo lo mejor para el año que se nos viene. Si quieren cambiar, inténtenlo. Se pasa mal, se sufre y todo, pero es mejor sentir que vivir en letargo. Sigo pensando que se puede, aunque cuesta montones.

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No sé por qué las personas que saben mi "condición" nunca comprenden o parecen entender que no existe una salida simple a todo este asunto. Como si hacer amigos fuera para uno cosa tan sencilla.

Mi vida es la misma desde hace mucho tiempo. Podría resumir años en una sola semana. Hay una película de Bill Murray ("El día de la marmota" – Groundhog Day), donde el personaje, que es un tipo que lee el tiempo en televisión, se ve de pronto atrapado en el mismo día, todos los días. Despierta en las mañanas sólo para darse cuenta poco después que vivirá las mismas experiencias del día anterior. Al principio parece divertido, pero tras aprenderse casi de memoria todo lo que va a ocurrir cae en la desesperación. Mi vida es como esa película. Mi existencia es un rotativo de cosas que me permite saber casi a ciencia cierta que la semana próxima, y el mes que viene y los años que me quedan seguirán siendo como el día de hoy. Y si hoy hubiese sido un día para recordar, estaría satisfecho, pero no lo fue. Ni ayer, ni la semana pasada, ni el mes o el año anterior.

Las cosas no cambiarán porque tengo que cambiarlas yo. Y es tan simple como que NO SÉ CÓMO HACERLO. No sé hacer amistades, no sé conservar amigos, no sé llegar al sexo opuesto ni sé siquiera qué cresta hago vivo. Es por eso que siempre declaro, convencido y sin atisbo de dudas, que seguiré de la forma en que estoy hoy (y ayer y mañana), solitario en mi hogar, sin más compañía que algunas mascotas, sin más historias que aquellas que mi propia fantasía logra elucubrar. No habrá familia ni hijos, no habrá alguien por quien vivir.

Así resulta insoportable la conciencia del propio existir, la carencia de sentido del estar acá, la falta de ganas de hacer nada y la falta de esperanza de que todo cambie. Porque el cambio tiene que venir desde donde no hay punto de partida, donde no hay nada a qué echar mano para salir del abismo.

Y por si fuera poco, el entorno tampoco sirve de ayuda. Las personas no saben o no quieren colaborar. Es cierto, mi problema no es el de ellos y no tendrían por qué extender una mano, y eso empeora las cosas. Durante muchos años he tenido la oportunidad de conocer personas, incluso de conocer mujeres a las que me he sentido fuertemente atraido, sólo para confirmar el miedo de siempre: que giren y me den la espalda, para no encontrarlas nunca más. Tengo la extraña virtud del rechazo y la traición. Rechazado cientos de veces y traicionado otras tantas. Amistades a las que les entregué todo, para que luego voltearan como si nada, echándome al olvido. En fin, la experiencia sólo me confirma que no sirvo para estar en sociedad, y que realmente sería mejor si viviera confinado en un rincón de la tierra, sin contacto con gentes de ningún tipo, donde no me sienta observado o cuestionado, donde pueda quejarme de mi soledad sin que a nadie le moleste, donde pueda putear a Dios sin que nadie se sienta ofendido, como si hubiese alguien a quien culpar. Al menos tendría la libertad de darme por vencido sin herir a nadie, de tirar la toalla por fin sin antes pensar que podría destruir la vida de unos pocos que, pese a cómo soy, todavía me quieren, aunque no sepan cómo ayudar y crean que esto que tengo va a pasar algún día.

Quizás todavía estoy acá por la esperanza de ellos, porque yo no tengo ninguna.


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